Jean Paul Sartre es uno de los principales existencialista, y se puede hablar de él y de su pensamiento mediante muchos escritos, uno de ellos es el de “La nausea”, esta obra, si bien es filosófica, tiene un tinte literario que puede dificultar la lectura en el plano al que nos referimos.
Su estructura es como de un diario, y él mismo dice que es necesario llevar un diario con el que se puedan recordar los eventos de la vida.
Dentro de su diario se puede entrever claramente su postura existencialista, y en ciertos fragmentos fatalista, pues, en la vida que narra muestra cierta absurdidad del ser mismo.
Cuando habla de ser en sí se dice que carece se movimiento y temporalidad. El hombre es una cosa, por su mismo cuerpo, y ese cuerpo y esa misma existencia es contingente.
Reconoce al ser como un individuo, como un ser individual e incapaz de ver al otro como un verdadero tú, y así poder construir el nosotros, un ejemplo claro es cuando dice que:
“Se muy bien que todos los célibes que me rodean no pueden ayudarme en nada, ya no puedo refugiarme entre ellos”, no encuentra necesario relacionarse con los demás y mucho menos de darse a conocer.
A tal punto llega su obra en la que se nos narra “de sobra, el castaño, ahí ante mí. Y yo, débil. Obsceno, digiriendo, acariciando melancólicos pensamientos, yo también, estaba de sobra”, así pues quiere decir que el ser está de sobra. En el fondo muestra que el hombre está destinado a la soledad “Le teníamos miedo porque sabíamos que estaba solo”, aunque en realidad esa soledad le causaba miedo: “Por primera vez estaba hastiado de estar solo. Quería hablarle a alguien de lo que me pasa, antes de que sea demasiado tarde”.
Al pensar en el futuro de mi mismo ser me encuentro con que en la medida en que yo me proyecto hacia el porvenir, en esa medida yo me hago a mi mismo.
En un apartado, en el que se narra la construcción de una iglesia en honor a santa Cecilia, en un barrio de no buena categoría en Francia, se dice que una vez construido dicho lugar, la gente burguesa se iba a pasear por aquellas calles, olvidándose de la gente que pudo habitar antes de que sucediera esto; Sartre pinta a una ciudad fría y nublada, en donde la gente disimula y no es sincera con los demás, en donde solo se da existencia a quien se le quiera dar la misma, en donde quien va junto de mi no importa, a todo esto se le puede considerar la levedad del ser, es decir, lo absurda que puede ser la existencia, y es absurda su existencia porque además nunca podrá alcanzar su objetivo.
La nausea, en efecto, es como un sentir de asco ante la propia vida, ante la compañía de los demás, y podemos decir que ella no está siempre dentro del individuo, sino que a veces aparece.
Por último, respecto a el porvenir del hombre, él mismo es quien se construye, el que se escoge libremente, él es quien da sentido al mundo, yo soy el que da la existencia a los demás.
3 comentarios:
Considero que ésta obra de Sartre es interesante, ya que además de hablarnos del ser y de sin razón de ser, nos da a conocer la cultura fracesa, y a partir de ahí expresa su punto personal de vista acerca del ser y de la existencia, el argumento con el que no estoy de acuerdo es el siguiente: "yo soy el que da la existencia a los demás", ya que si aceptamos que el ser es, entonces el otro con el simple hecho de "ser ahí", - diría Heidegger - ya tiene existencia y esa no se la doy yo, lo que sí depende de mí es reconocer su existencia, eso sí, puedo o no puedo reconocer que el otro es, pero no puedo evitar que exista y que esté ahí.
Pienso que la existencia si es absurda y a veces puede causar nausea
pero considero que Sartre al recucir al hombre a una cosa, se olvida que esa cosa posee capacidades extraordinarias que le posibilitan darle un sentido a la vida y realizar un esfuerzo en favor de la relación con los demás.
los dos comentarios se me hacen interesantes y rescatable su aportación, confieso que no es de mi gusto todo el pensamiento de Sartre, ya que fataliza la existencia misma, y en uno de los comentarios se expresa que si bien la existencia puede ser dura y en momentos nauseabunda, es más las virtudes que posee el hombre que los errores o defectos.
y también, yo no le doy la existencia al otro, él existe de por sí, lo quiera o no reconocer, de mi depende si lo quiero integrar a mí, si quiero tener una interacción de conciencias, diría Nédoncelle, en la que no solo haya unintercambio de conciencia, sino también de amor y comunicación
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