La Ilustración es, en palabras de Kant, «la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro» 1.
La dialéctica de la ilustración utiliza los relatos del Marqués de Sade para redondear la crítica de la ilustración. Sade hace uso de la única racionalidad vigente, la del uso de las cosas como medios para los fines del propio yo. A lo largo de un conjunto de relatos nos describe los comportamientos de personas, tan inteligentes como carentes de escrúpulos, que analizan sutilmente la forma de conseguir la máxima cantidad de placer, y justifican esta conducta mediante razonamientos basados en la utilidad subjetiva.
Dentro del texto de Sade, Noirceuil imparte la siguiente lección a Juliette, “Se denomina crimen toda contravención formal, sea fortuita, sea premeditada, de lo que los hombres llaman ley. Esta es una palabra arbitraria e insignificante, pues las leyes son relativas a las costumbres, varían de doscientas leguas en doscientas leguas, de manera que con un vapor o un caballo puedo encontrarme, por la misma acción, culpable de muerte el domingo por la mañana en París, y digno de alabanza el sábado de la misma semana sobre las fronteras de Asia o en las costas de África”2. Esto nos puede llevar a considerar que todas nuestras acciones son indiferentes por sí mismas; que no son ni buenas ni malas, y que si el hombre las califica algunas veces de uno u otro modo es únicamente en razón de las leyes que adopta. Por eso, Horkheimer y Adorno mencionan “que tu alma flexible, y a pesar de todo nerviosa, se encuentra imperceptiblemente acostumbrada a convertir en vicios todas las virtudes humanas y en virtudes todos los crímenes”3.
Más adelante mencionan que a la luz de la razón la entrega a la criatura adorada es idolatría y que ni la exaltación de la amada ni el sentimiento romántico resisten el frío análisis racional. El pensamiento tiende a liberar de la naturaleza y acaba sometiéndola, pero la naturaleza se venga a través del retorno del placer. Las sociedades primitivas permitían el retorno del placer en las orgías y fiestas. Pero el progreso de la civilización y la ilustración convierte la fiesta en una farsa. Los amos introducen el placer como racional, como tributo a la naturaleza no del todo domada; tratan de neutralizarlo y al mismo tiempo de conservarlo en la cultura superior. El placer se convierte en objeto de manipulación hasta que, finalmente, desaparece en la organización.
El apartado dedicado al Marqués de Sade termina con un reconocimiento a la lucidez de sus escritos, pues puso manos a la obra en la tarea de hacer que la ilustración se horrorice de sí misma, no aceptó que la razón formal guarde una relación mayor con la moral que con la inmoralidad.
2 Ibid, pág. 145
3 Ibid, pág. 149
Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W, Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos., [Traducción de Juan José Sánchez], Editorial Trotta, Colección Estructuras y Procesos. Serie Filosofía, Madrid, 3° Edición, 1998, Págs. 129-164
3 comentarios:
Me parece interesante el hecho de que se cite al marqués de Sade, de forma específica por la crítica que se menciona realiza a la sociedad de la Ilustración en el aspecto moral. Mi pregunta es ¿cuál es precisamente la intención de Horkheimer al citar al marqués?
Al empezar este texto no se si esta haciendo una crítica de la ilustración a lo que dice de Kant: "el hombre debe servirse de su propio entenmdimiento sin la guía de otro". Después menciona los relatos de Marqués de Sade y en estos relatos ¿qué nos quiere dar entender uando habla del rimen y de la ley?
Quiero pensar que el hecho de poner de ejemplo al Marqués de Sade y de sus obras, es por la razón de ejemplificar aquella autodestrucción a la que la ilustración se conduce, y sobre todo, para que se diera cuenta de esto. Parece que hasta este momento, la ilustración ha podido controlar ese retorno de la naturaleza, que nunca va a dejar de estar, como es el caso del placer; y es que ahora, como dirá Fernando Savater, lo sentimos solo por el “buen joder” socializado. Mas ahora se vislumbran ya no aquella autodestrucción de la ilustración, sino del dominio de esta naturaleza que retorna ¿o no?.
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