Practicidad del vocabulario de san Juan de la Cruz
En el lenguaje de san Juan de la Cruz experiencia mística se refiere a una ciencia práctica. Y el lenguaje místico es diferente del filosófico, en aquella se trata de hacer sensible la experiencia misma, como tocándola sin verla; y en esta, ante todo, decir la realidad sin tocarla. Para esto es importante la contemplación, el cual san Juan de la Cruz describe como un no obrar.
La doctrina del vacío
Todos los medios humanos resultan desproporcionados con relación a Dios a quien se ha de poseer en su vida propia; lo mejor es abandonarse, extenuarse, renuncias a sus operaciones propias, hacer en sí el vacío. Porque Dios está sobrenaturalmente presente en el alma, reemplazando así lo que se pierde por una vida mejor, la vida de Dios mismo.
Por medio de la gracia, se injerta en el alma la vida divina para hacerle obrar acciones divinas, que a su vez proceden de nuestras potencias naturales, pero sobreelevadas por la gracia. Pero este no es posible sin un radical desposeimiento, de una agonía y muerte mística. Pero este depojamiento no se lleva a cabo sin la caridad. Pero esto no quiere decir que haya una mutilación, sino al contrario, hay un "enriquecimiento incomparable", en sacrificarlo por amor que vale más que todo. Por esto se puede decir que "la naturaleza no es destruida por la gracia, sino perfeccionada. "Desde que estoy en la nada, hallo que nada me falta".
El santo profesa el desprecio de las criaturas en cuanto que comprende que ellas no son nada comparadas con Aquel a quien ama y con el Fin que ha elegido. Este es uno de los ejemplos más claros del desposeimiento.
V.
La contemplación mística
Naturaleza de la contemplación mística: La contemplación es un conocimiento experimental de amor y de unión. Por medio de la caridad nos transformamos en Dios, a quien el amor alcanza inmediatamente. Y esto mismo repercute en el conocimiento ya que el espíritu le es interior. La contemplación es la experiencia misma de esta unión a la que todo está ordenado.
"No da Dios sabiduría mística sin amor, pues el mismo amor la infunde". Pero aquí se está hablando de un amor que se deriva de la fe, pues ésta es el principio mismo de la experiencia mística. " He aquí porqué la contemplación misma es una noche, en donde el alma renuncia a usar actualmente de las ideas distintas y de todo saber formulado, pasa por encima del modo humano de los conceptos, para sufrir las cosas divinas en la luz infusa de la fe, y por medio del amor y de todos los efectos que Dios produce en el alma que le está unida por el amor". La contemplación es también secreta, porque el alma no puede decir nada de ella, le es indecible.
Aquí cabe recordar que los dones (unciones) del Espíritu Santo ocupan un espacio de suma importancia en cuanto a que por su acción dirigen al alma como agente principal y la elevan a una manera sobrenatural.
Pureza contemplativa y desnudez de espíritu
Después de la venida de Cristo toda revelación es inútil porque la fe ya está fundada en él. La revelación evangélica por su parte ya es de la "era de gracia". Por lo cual ya no es necesario esperar que Dios hable, se manifieste, se exprese como en los tiempos antiguos. En Cristo se ha manifestado, se ha dicho todo lo que Dios tenía que decir y manifestar.
Bibliografía: Maritain, Jacques, De la sabiduría agustiniana y, San Juan de la Cruz, práctico en la contemplación , en "Los grados del saber, distinguir para unir", Buenos Aires, Argentina, Club de lectores, 1983, pp. 512-550
La doctrina del vacío
Todos los medios humanos resultan desproporcionados con relación a Dios a quien se ha de poseer en su vida propia; lo mejor es abandonarse, extenuarse, renuncias a sus operaciones propias, hacer en sí el vacío. Porque Dios está sobrenaturalmente presente en el alma, reemplazando así lo que se pierde por una vida mejor, la vida de Dios mismo.
Por medio de la gracia, se injerta en el alma la vida divina para hacerle obrar acciones divinas, que a su vez proceden de nuestras potencias naturales, pero sobreelevadas por la gracia. Pero este no es posible sin un radical desposeimiento, de una agonía y muerte mística. Pero este depojamiento no se lleva a cabo sin la caridad. Pero esto no quiere decir que haya una mutilación, sino al contrario, hay un "enriquecimiento incomparable", en sacrificarlo por amor que vale más que todo. Por esto se puede decir que "la naturaleza no es destruida por la gracia, sino perfeccionada. "Desde que estoy en la nada, hallo que nada me falta".
El santo profesa el desprecio de las criaturas en cuanto que comprende que ellas no son nada comparadas con Aquel a quien ama y con el Fin que ha elegido. Este es uno de los ejemplos más claros del desposeimiento.
V.
La contemplación mística
Naturaleza de la contemplación mística: La contemplación es un conocimiento experimental de amor y de unión. Por medio de la caridad nos transformamos en Dios, a quien el amor alcanza inmediatamente. Y esto mismo repercute en el conocimiento ya que el espíritu le es interior. La contemplación es la experiencia misma de esta unión a la que todo está ordenado.
"No da Dios sabiduría mística sin amor, pues el mismo amor la infunde". Pero aquí se está hablando de un amor que se deriva de la fe, pues ésta es el principio mismo de la experiencia mística. " He aquí porqué la contemplación misma es una noche, en donde el alma renuncia a usar actualmente de las ideas distintas y de todo saber formulado, pasa por encima del modo humano de los conceptos, para sufrir las cosas divinas en la luz infusa de la fe, y por medio del amor y de todos los efectos que Dios produce en el alma que le está unida por el amor". La contemplación es también secreta, porque el alma no puede decir nada de ella, le es indecible.
Aquí cabe recordar que los dones (unciones) del Espíritu Santo ocupan un espacio de suma importancia en cuanto a que por su acción dirigen al alma como agente principal y la elevan a una manera sobrenatural.
Pureza contemplativa y desnudez de espíritu
Después de la venida de Cristo toda revelación es inútil porque la fe ya está fundada en él. La revelación evangélica por su parte ya es de la "era de gracia". Por lo cual ya no es necesario esperar que Dios hable, se manifieste, se exprese como en los tiempos antiguos. En Cristo se ha manifestado, se ha dicho todo lo que Dios tenía que decir y manifestar.
Bibliografía: Maritain, Jacques, De la sabiduría agustiniana y, San Juan de la Cruz, práctico en la contemplación , en "Los grados del saber, distinguir para unir", Buenos Aires, Argentina, Club de lectores, 1983, pp. 512-550
2 comentarios:
Me parece muy interesante tu articulo, pero me surgieron algunas preguntas: ¿En qué consiste esta muerte mística que mencionas? ¿y cómo es que mediante la caridad nos transformamos en Dios?
Cómo considera al hombre san Juan, en el sentido de si es bueno por naturaleza por ser creatura, y si es verdad, por lo tanto, ¿no realizaría obras divinas por que está implícito en su misma naturaleza?
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