Un problema típico
La continuación del texto en cuestión nos lleva directamente a uno de los personajes y pensadores más importantes del mundo cristiano: Agustín de Hipona. Sin embargo, puede haber una especie de impulso que nos conduce hacia la comparación con otro pensador y filósofo importante: Tomás de Aquino. ¿Cuál es en realidad la situación entre Agustín y Tomás? Para comenzar, la vocación y el testimonio de ambos son muy diferentes, "uno habita en el corazón de la humanidad, ha conocido cuanto en él se encierra"; el otro, "habita en el corazón de la inteligencia; familiarizado con los ángeles, nos ilustra con la mirada tranquila y poderosa de éstos acerca de los secretos divinos y nos revela a nosotros mismos". Por otro lado, Agustín en su filosofía tiene el orden de la caridad, tiende a instruir en el amor y a encauzar prácticamente al hombre con un solo y mismo movimiento hacia su fin último; y Tomás por su parte, tiene el orden de la inteligencia, aplicada al trabajo por el amor, y para exhalar el amor, nos instruye en el orden y a la luz de la ciencia teológica y de la filosofía.
Sin embargo, existe un acuerdo, una armonía, y una unidad fundamental entre ambos, aún a costa de sus originalidades.
El don de sabiduría que se vale del discurso
¿Cuál es la fuente propia de la enseñanza de Agustín? es la sabiduría del Espíritu Santo, el cual, sólo lo obtuvo de la gracia. Esta sabiduría, propia de los santos, presupone la fe y la caridad; que es experimental y práctica, puesto que "procede de la unión con Dios y dirige nuestra actividad hacia esta unión regulando la vida humana según normas divinas"; que puede valerse del discurso y argumentar. Por lo tanto, es un conocimiento comunicable, que a su vez puede extenderse por todo el ámbito de lo inteligible y de todas las energías racionales, para usar todos los instrumentos naturales del conocimiento: Es este la sabiduría de Agustín. Una sabiduría que usa de la razón, pero teniendo por luz, la razón sobreelevada por la fe y envuelta en la luz de la gracia santificante.
Razón platónica y dones del Espíritu Santo
Esta filosofía es el instrumento del don de sabiduría en Agustín. Filosofía al que le da un sentido dirigiéndolo hacia el universo de las verdades cristianas, las profundidades eternas que nos son mostradas, "las cumbres en donde se origina la teología".
Uno de los grandes méritos de Agustín es tratar a esta filosofía con una seguridad sobrenatural con que, a pesar de permanecer platónico no cae en el platonismo, y esto lo logra rectificando, resolviendo aquellas cuestiones del pensamiento platónico que no han dejado clave.
Pero lo más importante no es el instrumento platónico empleado por Agustín, sino su sabiduría misma, en cuanto es un don de sabiduría que se vale de la razón y del discurso. Una sabiduría infusa, donde la ciencia profana y la ciencia sagrada reciben de ella una participación, mientras le están subordinadas.
Fisonomía de la enseñanza de San Agustín
La sabiduría de Agustín es el "don de sabiduría que se vale del discurso". Para él la verdadera filosofía (crecimiento en la sabiduría) es un camino hacia la beatitud, y el verdadero filósofo, un amigo de Dios: la sabiduría del Espíritu Santo.
En la doctrina de Agustín la fe precede y prepara universalmente la inteligencia. Cree para entender. Y sobre nuestro movimiento concreto hacia la Verdad primera, quiere instruirnos y servirnos de guía. Inculca que el alma no logra hallar a Dios sino por un retorno y una progresión hacia adentro. La sabiduría mística es un cierto modo el agente que activa, el catalizador de la introspección agustiniana.
La doctrina de Agustín es una doctrina esencialmente y en su modo mismo religiosa.
El agustinismo y las diferenciaciones técnicas del pensamiento cristiano
"Exigir a san Agustín un sistema filosófico es reclamar para la filosofía y para su luz propia lo que en reaidad procede de la luz de la más excelsa sabiduría cristiana, es decir, de la fe y de la caridad". La escolástica se esforzó inutilmente en sacar de Agustín, sólo con las armas de éste, una sistematización teológica y filosófica perfecta, eran necesarios las armas de Aristóteles y Tomás. Sólo él pudo sistematizar teológica y filosóficamente la sabiduría de Agustín.
Tomás de Aquino, heredero de Agustín
Tomás en teología siguió a Agustín, y en filosofía a Aristóteles. Y su fidelidad a la sabiduría de Agustín es "más perfecta aún que su maestría en la técnica de Aristóteles". Por ejemplo: cuando nos enseña cómo la libertad es la obra de la gracia del Espíritu Santo, estamos oyendo la voz misma de Agustín y de San Pablo.
Agustín le prepara el camino a Tomás. La teoloía tomista no hace más que explicitar según su modo propio y su perspectiva propia la sustancia del pensamiento agustiniano. Toda la sustancia de la doctrina agustiniana de la verdad ha pasado a Tomás. Según una expresión del padre Grdeil, "Cuanto más se estudia a uno y a otro doctor, se puede afirmar con mayor razón: Se pueden contar las posiciones sobre las que difieren, pero es imposible contar aquellas en las que se entienden".
Tomismo y agustinismo
El primero es un sistema, el segundo no lo es; el tomismo es el estado científico de la sabiduría cristiana; En Agustín, esta sabiduría aún está en su fuente.
"Todo filósofo agustiniano que, a pesar de la inconsistencia de su posición sistemática, que capte algo del vigor de intuición de san Agustín, pondere y valore verdades olvidades o extienda nuestro conocimiento de las realidades interiores, trabajará sin saberlo para la filosofía de santo Tomás".
SAN JUAN DE LA CRUZ, PRÁCTICO EN LA CONTEMPLACIÓN
I.
Saber comunicable y saber incomunicable
Nuestro conocimiento es comunicable por las ideas y conceptos. Sin embargo, hay otro saber incomunicable, que lleva a lo concreto como tal y que tiene lugar por vía experimental. Se considera a san Juan de la Cruz como el gran Doctor de este supremo saber incomunicable, así como a Tomás como el gran Doctor del supremo saber comunicable.
II.
Orden especulativo y orden práctico
En el ORDEN ESPECULATIVO, el universo de la inteligibilidad se despoja más y más de la materia, siendo cada vez más puro.
El ORDEN PRÁCTICO se aplica a conocer para obrar y a obtener de un objeto que es algo práctico, un saber. Considera además el universo del obrar y de los valores operativos desde el punto de vista de las razones de ser y de las estructuras inteligibles que le son inmanentes.
La filosofía práctica no se limita a prescribir, es un saber, ella sabe; pero no sabe verdadera y completamente su objeto, que es algo por hacer, solo sabe cómo debe ser ejecutado. Y esta filosofía no basta para regular la acción, porque sabe de una manera todavía teórica, especulativa, explicativa, cosas que no sólo deben explicarse, sino hacerse.
La teología es un saber especulativamene práctico, puesto que considera y regula los actos humanos de una manera todavía especulativa y con la pura inteligencia. Por lo tanto, envuelve en su unidad el orden especulativo y el orden práctico a la vez.
La ciencia prácticamente práctica
El recto conocimiento práctico como regulador inmediato de la acción, es la virtud de la prudencia. Esta virtud es a la vez intelectual y moral. Y en este dominio la inteligencia no trabaja sola, sino bajo la dependencia de la voluntad y de las disposiciones del querer. "Su juicio es verdadero o falso en relación a la dirección del obrar y a la rectitud de la voluntad".
¿No hay entre la prudencia y el saber especulativamente práctico una zona intermedia de conocimiento? Sí, es la ciencia práctica en el sentido estricto del término, el saber prácticamente práctico. Aquí ya no se trata de explicar, de resolver una verdad, aun práctica, en sus razones y principios; sino de preparar la acción y de señalar sus reglas próximas. Reune todo lo que ya se sabe, todas las explicaciones, principios y razones de ser, para organizar todo eso según puntos de vista nuevos, que corresponden a las exigencias de la posición del acto concreto, pues la acción es un cosa concreta que debe pensarse en su concreción misma.
La ciencia práctica de la contemplación
La ciencia del director espiritual es la ciencia no solo especulativamente práctica, sino una ciencia prácticamente práctica. Es la ciencia práctica de la contemplación, y en esto, san Juan de la Cruz es maestro. Para tratarlo es importante distinguir dos cosas: sus poemas líricos, y las "declaraciones". En los primeros ha escrito sobre la experiencia mística misma que él ha vivido, y en sus comentarios o declaraciones expone una doctrina, enseña. Es una doctrina práctica dependiente de la teología moral. Esta ciencia, práctica no sólo por su objeto, sino también por su modo, y que, fundada sobre la fe y presuponiendo la experiencia de las cosas divinas, emplea los principios de la teología para guiar a las almas por las vías interiores.
Tomás es el Doctor de la teología dogmática y moral, de la ciencia especulativamente práctica de la contemplación y de la unión con Dios. San Juan de la Cruz es el Doctor de la ciencia prácticamente práctica. Uno explica y hace ver, el otro conduce y guía; el primero es demostrador, el segundo un práctico de la sabiduría.
III.
El sentido de la vida humana
El saber prácticamente practico presupone el saber especulativamente práctico. El objeto final de la vida humana es la transformación en Dios, por participación en virtud de la caridad y hacia la perfección del Amor. Y uno de los medios es la contemplación.
La fe teologal
La fe sobrenatural percibe la realidad divina en su vida propia; y será un conocimiento de modo sobrehumano en donde la fe trascenderá su modo natural de conocer, y esto sucederá por el amor que nos compenetra con las cosas divinas.
Bibliografía: Maritain, Jacques, De la sabiduría agustiniana y, San Juan de la Cruz, práctico en la contemplación , en "Los grados del saber, distinguir para unir", Buenos Aires, Argentina, Club de lectores, 1983, pp. 459-512
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario