La doctrina kantiana del gusto y del genio.
Kant consideró como una especie de sorpresa espiritual que en el marco de lo que tiene que ver con el gusto apareciera como un momento apriorista que va más allá de la generalidad empírica. La validez de lo bello no se puede derivar ni demostrar desde un principio general. Las disputas sobre cuestiones de gusto no pueden decidirse por argumentación ni por demostración. El gusto tiene que ver con una capacidad propia y personal. Las cuestiones de gusto no deciden las preferencias particulares.
El sentido común queda reducido a un principio subjetivo.
El gusto es un “gusto reflexivo”. Kant llama así al gusto el verdadero “sentido común”. La generalidad que conviene al gusto en cuanto es efecto del libre juego de todas nuestras capacidades de conocer y no está limitado a un ámbito específico como lo están los sentidos externos, pero por la otra el gusto contiene un carácter comunitario en cuanto que según Kant abstrae de todas las condiciones subjetivas privadas representadas en las ideas de estímulo o conmoción.
Un ideal de la belleza sólo podría haberlo respecto a la figura humana, en la “expresión de lo moral”, “sin la cual el objeto no gustaría de un modo general”. Sólo de la figura humana existe un ideal de la belleza, por que solo ella es susceptible de una belleza fijada por algún concepto teleológico. La teoría ideal de la belleza se basa en la distinción entre idea normal e idea racional o ideal de la belleza. La idea estética normal se encuentra en todas las especies de la naturaleza.
En si misma la esencia de todo arte consiste, como formula Hegel, en que “pone la hombre ante sí mismo”. Desde ahora al “arte” podrá convertirse e un fenómeno autónomo. Su tarea ya no será la representación de los ideales de la naturaleza, sino el encuentro del hombre consigo mismo en la naturaleza y en el mundo humano e histórico.
Cuando Kant se pregunta por el interés que suscita lo bello realiza la transición del punto de vista del gusto a punto de vista del genio. Hay superioridad del arte frente a la belleza natural: la del ser el lenguaje más inmediato de la expresión de lo moral. Kant destaca la superioridad de la belleza natural respecto del arte. Lo bello reposa en general sobre la idoneidad del objeto representado para nuestra propia capacidad de conocimiento. Posee también una superioridad de contenido, la naturaleza bella llega a suscitar un interés inmediato: un interés moral. Allí donde esta idea despierta un interés puede hablarse de un sentimiento moral cultivado. El interés por lo bello en la naturaleza es pues, “moral por parentesco”.
En la naturaleza no encontramos objetivos en sí, y sin embargo encontramos belleza, la naturaleza nos hace con ello una “señal” de que realmente somos el fin último, el objetivo final de la creación. La nueva belleza de tener una orientación final hacia nosotros. Se convierte así en “naturaleza”; su inocencia consiste en que no sabe nada del hombre ni de sus vicios sociales. Y al mismo tiempo tiene algo que decirnos. La naturaleza gana como naturaleza bella un lenguaje que la conduce a nosotros.
El significado del arte tiene que ver con el hecho de que nos habla, de que pone a hombre ante sí mismo en su existencia moralmente determinada. Pero los productos del arte sólo están para eso, para hablarnos. La belleza natural es capaz de hacernos conciente nuestra determinación moral. El arte no puede proporcionarnos este encuentro del hombre consigo mismo en una realidad no intencionada. Que el hombre se encuentre a sí mismo en el arte no es para él una confirmación precedente de algo distinto de sí mismo.
Para Kant el arte es más que representación bella de una cosa; es representación de ideas estéticas, esto es de algo que está más allá de todo concepto. Es el concepto de genio el que formula esta perspectiva. El genio entendido como “capacidad para la representación de las ideas estéticas”. El concepto de genio se corresponde en el gusto estético: el juego aliviado de las fuerzas del ánimo, el acrecentamiento del sentimiento vital que genera la congruencia de la imaginación y entendimiento y que invita al reposo ante lo bello. El genio es el modo de manifestarse este espíritu vivificador. El genio muestra el libre empuje de la invención y una originalidad capaz de crear modelos.
El gusto se asienta sobre las mismas bases que el genio. El arte del genio consiste en hacer comunicable el libre juego de las fuerzas del conocimiento. El significado sistemático del concepto de genio queda restringido al caso especial de la belleza en el arte, en tanto que el concepto de gusto sigue siendo universal. No obstante, solo la obra de arte está determinada en su sentido mismo por el hecho de que no puede ser creada más que desde el genio. Todos los demás logros e inventos geniales, por grande que sea la genialidad de su invención, no están determinados por ésta en su esencia propia. El genio es un favorito de la naturaleza, igual que la belleza natural se considera a favor de aquélla. El arte bello debe ser considerado como naturaleza. La naturaleza impone sus reglas al arte a través del genio. Genio es nivelar estéticamente los productos de las bellas artes con la belleza natural. Lo bello en la naturaleza o en el arte posee un mismo y único principio a priori, y éste se encuentra enteramente en la subjetividad.
Concepto de vivencia. Junto al concepto del gusto se desprecia también el de belleza natural. El interés moral por la belleza en la naturaleza, retrocede ahora ante el encuentro del hombre consigo mismo en las obras de arte. En Hegel la belleza natural sólo aparece como reflejo del espíritu. En el arte se encuentra el hombre a sí mismo, encuentra el espíritu al espiritu. Surge el concepto de vivencia como el verdadero hecho de la conciencia. Algo se convierte en vivencia en cuanto que no sólo es vivido sino que el hecho de que lo haya sido ha tenido algún efecto particular que le ha conferido un significado duradero.
Dilthey determina el concepto de vivencia por la reflexividad, por la interiorización, e intenta justificar epistemológicamente el conocimiento del mundo histórico a partir de este modo particular de estar dados sus datos. Lo que quiere decir el concepto de vivencia: las formaciones de sentido que nos salen al encuentro en las ciencias del espíritu pueden aparecérsenos como muy extrañas e incomprensibles, no obstante cabe reducirlas a unidades últimas de lo dado en la conciencia, unidades vivenciales que son en sí mismas unidades de sentido. En Husserl e concepto de vivencia se convierte en el título que abarca todos los actos de la conciencia cuya constitución esencial es la intencionalidad. Lo vivido es siempre vivido por uno mismo, y forma parte de su significado el que pertenezca a la unidad de este “uno mismo” y manifieste así una referencia inconfundible e insustituible el todo de esta vida una.
El modo de ser de la vivencia es ser tan determinante que uno nunca puede acabar con ella. Nietzsche dice que “en los hombre profundos todas las vivencias duran mucho tiempo”. Lo que llamamos vivencia se refiere a algo inolvidable o irremplazable, inagotable por la determinación comprensiva de su significado. Tampoco se agota en el papel que se le asignó, el del ser el dato y el fundamento último de todo conocimiento. Hay algo más, su referencia interna a la vida.
Cada vivencia es un “momento de la vida infinita”. Toda vivencia esta entresacada de la continuidad de la vida y referida al mismo tiempo al todo de ésta. En la vivencia queda integrada en el todo de la vida, éste todo se hace también presente en ella. La vivencia estética no es sólo una más entre las cosas, sino que representa la forma esencial de la vivencia en general. Una vivencia estética contiene siempre la experiencia de un todo infinito. El llamado al arte vivencial aparece como el arte auténtico.
Arte vivencial quiere decir en principio que el arte procede de la vivencia y es su expresión. Cuando algo posee determinación óptica el ser expresión de una vivencia, tampoco será posible comprenderlo en su significado si no es en una vivencia.
Símbolo y alegoría. La alegoría forma parte de la esfera del hablar, del logos, y es una figura retórica o hermenéutica. En vez de decir lo que realmente se quiere significar se dice algo distinto y más inmediatamente aprehensible, de manera que a pesar de todo esto permita comprender aquello otro. En cambio el símbolo no está restringido a la esfera del logos, pues no plantea en virtud de su significado una referencia a un significado distinto, sino que es su propio ser sensible el que tiene “significado”. Es algo que se muestra y en lo cual se reconoce otra cosa. Se da el nombre de símbolo a aquello que vale no sólo por su contenido sino por su capacidad de ser mostrado. Símbolo es la coincidencia de lo sensible y lo sensible, alegoría es une referencia significativa de lo sensible a lo insensible. El símbolo puede interpretarse inagotablemente, en oposición a lo que se encuentra en una referencia de significado más precisa. Solo que la representación simbólica no representa inmediatamente un concepto, sino que lo hace indirectamente, con lo que la expresión contiene no el verdadero esquema del concepto sino meramente un símbolo para la reflexión.
El lenguaje trabaja simbólicamente y finalmente aplica el concepto de la analogía en particular para describir la relación de lo bello con lo éticamente bueno, que no puede ser ni de subordinación ni de equiparación. “Lo bello es el símbolo de lo moralmente bueno”. En esta formula Kant reúne la exigencia de la plena libertad de reflexión de la capacidad de juicio estética con su significación humana. “El gusto hace posible la transición de la estimulación de los sentidos al interés moral habitual sin necesidad de un salto demasiado violento”. Schlegel dice: “Todo lo que ocurre es símbolo, y en cuanto que se representa por completo a sí mismo apunta también a lo demás”. El símbolo significa la coincidencia de manifestación sensible y significado suprasensible. En el símbolo estético estaría compensada la tensión de imagen y significado.
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