¿EXISTE UNA SUSPENSIÓN TELEOLÓGICA DE LO ÉTICO?
Lo ético es en cuanto tal lo general y en cuanto general válido para todos. Es lo válido en todo momento, reposa, inmanente, en sí mismo. Es telos de todo lo existente fuera de ello.
El individuo que contemplamos en su inmediatez corpórea y psíquica encuentra su telos en lo general, y su tarea ética consiste precisamente en expresarse continuamente en ello, cancelando su individualidad para pasar a ser lo general.
En la fe se da la paradoja de que el Particular está por encima de lo general… el Particular, después de haber estado en lo general, se aísla ahora como tal Particular por encima de lo general. Si esto no es la fe, Abraham está perdido y por tanto no ha habido nunca fe en el mundo, porque se encontraba allí desde siempre.
La fe consiste precisamente en la paradoja de que el Particular se encuentra como tal Particular por encima de lo general, y justificado frente a ello como superior. “Es el Particular quien después de haber estado subordinado a lo general en su cualidad de Particular, llega a ser lo Particular por medio de lo general, y como tal, superior a éste, de modo que el Particular como tal se encuentra en relación absoluta con lo absoluto. Esta situación no admite la mediación, pues toda mediación se produce siempre en virtud de lo general.
La historia de Abraham ilustra una suspensión teleológica de lo ético. Queda fuera de cualquier duda que Abraham representa la fe y que ésta encuentra en él su normal expresión; su vida no es sólo la más paradójica que se pueda imaginar, sino que lo es en tal grado que resulta imposible pensarla. Abraham obra en virtud del absurdo, pues absurdo es que él, como Particular, se halle por encima de lo general. Gracias al absurdo recupera a Isaac. Por eso Abraham no es en ningún momento un héroe trágico, sino una figura muy diferente: o es un asesino o es un creyente.
Expresada en términos éticos la relación entre Abraham e Isaac es muy simple: “amará el padre al hijo más que a sí mismo”.
Es muy clara la diferencia que existe entre el héroe trágico y Abraham: el héroe trágico no abandona nunca la esfera de lo ético. Para él cualquier expresión de lo ético encuentra su telos en otra expresión más alta de lo ético y reduce la relación ética entre padre e hijo o entre hija y padre a un sentimiento que encuentra su dialéctica en su relación con la idea de moralidad. Y ahí no puede existir, por lo tanto, una suspensión teleológica de la propia ética.
El caso de Abraham es muy diferente. A causa de su acto rebasa la esfera de lo ético: su telos, más alto, deja en suspenso lo ético… Mientras el héroe trágico alcanza la grandeza, gracias a su virtud moral, Abraham accede a ella por una virtud estrictamente personal. “Amará el padre a su hijo” es el mandato ético más importante que conoce Abraham. Pero no se trata aquí de lo ético en el sentido de la moralidad.
Entonces, ¿porqué lo hace Abraham? Lo hace por amor a Dios y, por lo tanto, del mismo modo, por amor a sí mismo. Por Dios porque éste le exige la prueba de su fe, y por sí mismo, porque quiere dar esa prueba. Es una prueba, una tentación (que pretende apartar al hombre de su deber). ¿Qué es el deber? El deber es precisamente la expresión de la voluntad de Dios.
Cuando lo ético se encuentra teleológicamente suspendido, ¿de qué modo existe el Particular en quien se produjo la suspensión? El existe como el particular que se opone a lo general…
¿De qué modo, entonces, existió Abraham? Creyó, y esa es la paradoja que lo eleva a la mayor altura, pero que él no puede explicar: Abraham, como particular, se coloca en una relación absoluta con lo absoluto ¿pero hay una justificación para obrar de ese modo? Sí, su justificación reside de nuevo en lo paradójico, pues si Abraham la tiene verdaderamente, no será en, virtud de su integración en lo general, sino en virtud de su cualidad de Particular.
Si María (la Virgen) y Abraham llegaron a ser más grandes que los héroes no fue porque se libraron de la miseria, el tormento y la paradoja, sino porque alcanzaron la grandeza precisamente por medio de ellos. Puesto que parece que cuando Dios bendice a alguien lo maldice también al mismo tiempo.
En la historia de Abraham se produce, por lo tanto, una suspensión teleológica. Como el Particular se ha colocado por encima de lo general, ésta es la paradoja que no admite mediación. Y el modo en que ingresó en ella resulta tan inexplicable como su perseverar en ella. Si la circunstancia fuera diferente, Abraham no solo llegaría a héroe trágico sino que sería un asesino.
martes, 2 de septiembre de 2008
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3 comentarios:
bueno lo que pude darme cuenta es de que kirkergar toca algunos puntos de los cuales vimos en la clasificacion y creo que puedes profundizar mas con lo que en el curso vimos
lo que puedo interpretar es que una persona ética es aquel que decide quién desea ser en la vida y se implica en ello de forma total para lograr su objetivo,desarrollándose en la fidelidad, cumplidor de la ley y afrontando los compromisos que le implican en la sociedad (contemplando de igual manera los familiares). Mi cuestionamiento sería: ¿esta forma de vida es suficiente para realizarse con plenitud?. Lo anterior logicamente desde la propuesta de Kierkegaard.
La fe y el amor de Abraham en Dios, lo lleva a realizar la voluntad de Dios, en este caso, llevar a su hijo a sacrificar. Claro que esto va en contra de la ética. Abraham se convierte en asesino potencial, en asesino potencial de su propio hijo. No es nada fácil para él responder a Dios, sin embargo, Abraham hace lo que le parece éticamente correcto, hacer la voluntad de Dios, creer en Él y tener fe. Reconoce su inferioridad frente a Él y confía en que será lo mejor.
El resultado de este relato convierte a Abraham en el padre de la fe.
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