La filosofía es el arte de construir significados con el pensamiento

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Rembrandt, Filósofo meditando

martes, 2 de septiembre de 2008

Personalismo. Emmanuel Mounier

Estructuras fundamentales de un régimen personalista.

Acerca de lo espiritual, se rechaza la concepción de que se trata de un asunto privado de moral individual, que ha sido común a todas las doctrinas que se han rechazado. (Idealismo burgués, realismo fascista, materialismo marxista)
El personalismo pone un valor espiritual en la persona, raíz del conjunto de los demás, en el corazón mismo de toda la realidad humana. La persona no es un coeficiente entre otros muchos de la aritmética social.
El ideal personalista es un ideal histórico concreto, que no forma pareja nunca con el mal o con el error, pero que se suma con la realidad histórica siempre mezclada en la que se han comprometido personas vivas para obtener de ella con cada ocasión, según los tiempos y lugares, el máximo de realización.
Su concepción de Estado aclara la repugnancia que sienten por cualquier régimen que imponga a las personas, por vía de órdenes colectivas, lo que pertenece a la libre adhesión de cada una.
El personalismo imprime una doble orientación a las instituciones:
Un condicionamiento negativo, que consiste en no hacer de ninguna persona una victima de su torpeza o un instrumento de su tiranía y de no usurpar la parte propiamente personal de la vida de los particulares.
Una orientación positiva. Dar a un número cada vez mayor de personas los instrumentos apropiados a las libertades eficaces que le permitirán realizarse como persona.

La educación de la persona.
Las instituciones educativas, así como las instituciones que rigen la vida privada desde la infancia, están entre aquellas a las que el personalismo da mayor importancia. La educación no tiene por fin condicionar al niño al conformismo de un medio social o de una doctrina de Estado. Tiene como misión despertar personas capaces de vivir y de comprometerse como personas. Prepara progresivamente a la persona para usar su libertad y sus responsabilidades y no doblegar al niño al mal hábito de pensar por delegación, de actuar por consignas.
La escuela tiene como prioridad, la función de enseñar a vivir, y no de acumular conocimientos exactos o ciertas habilidades.
El personalismo rechaza el monopolio del Estado sobre la educación, pues la autoridad en materia de educación debe comenzar en la familia. El Estado no tiene derecho a imponer monopolísticamente una doctrina ni una educación.
Se debe buscar una unidad de los instrumentos de educación, elaborar ciertos manuales comunes redactados en colaboración y con un esfuerzo de imparcialidad por los miembros de distintas escuelas y adoptados por todas ellas.

2 comentarios:

Mateo dijo...

¿A qué te refieres con un ideal histórico? Si está en contra de cualquier concepción de estado de ese momento, entonces ¿Qué concepción de estado es la que tiene él?
Estoy de acurdo con el autor respecto a la educación, pienso que la educación debe de enseñar al niño a vivir y no el de acumular conocimientos innecesarios. Al igual que el pienso que la educación debe de empezar por la familia, las familias son las que deberían de educar en todos los sentidos y así no se tendría que estar discutiendo temas sobre el aborto, porque serian temas sobre los que los jóvenes estarían bien educados.
Por el momento esta es mi opinión sobre tu artículo.

Mario Olivera dijo...

Expresando mi humilde sentir, creo que esta visión para la época en que nace, es una novedad, sin embargo, en el mundo de hoy se ha convertido en un discurso absurdo y sin sentido.
Y me atrevó a decir que incluso fue una novedad determinante porque se constituyó en inspiración para muchas corrientes psicológicas y pedagógicas, puesto que por un lado, y tal vez estoy imaginándolo equivocadamente, se puede incluso equiparar a la psicología humanista y a las famosas pedagogías humanistas y constructivistas, que de alguna u otra forma plantean sus procesos con miras a una educación para la vida y no una educación de acumulación de conocimientos sin sentido. Centrándose todo interés en la persona, considerándole su dignidad y valor.